El oboe nº 2 ha despertado de golpe. Su primera idea, movida por la necesidad de excusa, es recordar que estaba en el auditorio mucho antes de que empezase el ensayo, que su traje está perfectamente compuesto y limpio, que hoy no ha bebido ni gota de alcohol, y que es muy probablemente el oboe que más dominada tiene la pieza que se está interpretando. Qué maldita pieza es? No puede recordarlo ahora mismo, aún está adormilado, pero entiende perfectamente las notas. El compositor, un estirado europeísta, consideró que el inicio de la obra debía ser un insoportable viaje de al menos media hora desde el más absoluto silencio, sólo ocasionalmente roto por ruiditos que seguramente le parecieron de lo más originales, a un súbito estruendo de la orquesta en pleno, que probablemente fue lo que despertó al oboe nº 2. Al tiempo que mira a su alrededor nervioso buscando miradas recriminatorias que no encuentra, da tímidamente sus primeras notas. Durante el comienzo de la obra los oboes son anecdóticos. Se supone que la pieza narra ahora el encuentro entre dos amantes. La mirada del oboe se posa en la violín nº 4, que lo mira fijamente mientras interpreta apresuradas escalas, ante lo cual nuestro oboe retira sus ojos al suelo y acompaña con melodías de relleno, para luego volver la vista hacia la violín, la cual, comprende ahora, no le miraba a él, sino que tiene la vista perdida por la concentración mientras ejecuta la parte más difícil de los violines. El oboe admira la elegancia interpretativa de la violín, y admira también su instrumento, una vieja herramienta gastada que profiere un bellísimo sonido que sólo a él parece resultarle muy peculiar. El oboe consigue despertar del todo y limpiar su cabeza de estos pensamientos justo a tiempo para la parte más difícil, el diálogo de oboes que escenifica el viaje de los enamorados hacia su "tierra prometida", donde no les acaecerán más que desgracias. En este momento, tras una breve introducción melódica, los oboes deben subir y bajar de manera sobrehumana, motivo por el cual el oboe nº1 no acierta en una de las primeras notas. El ventoso viaje hace después fallar a los oboes nº 3 y nº 4 en una misma cadencia, lo que casi desconcierta a un entregado oboe nº 2. Ante el solo del oboe nº 1, el nº 2 no se detiene y ambos tocan al unísono, y nuestro protagonista saca un sonido tan claro que el nº 1 enmudece y le deja hacer el canto al nº 2 en su lugar. Sin saber qué le ha sucedido, el oboe nº 2 se ruboriza por la tremenda indisciplina que manifiesta, y prolonga ya sin aire la última nota pensando que el ensayo cesará en ese momento y tendrá que buscar explicaciones donde no las hay. Sorprendido, en cuanto deja de emitir su música, la orquesta irrumpe prosiguiendo el viaje de los amantes como si nada hubiera sucedido.
El oboe nº 2, acongojado, busca de manera esquiva las posibles reacciones de los demás integrantes, sin atreverse a mirar hacia su derecha, donde seguramente encontraría a un enojadísimo oboe nº 1. Una nueva parte de relleno de los oboes tiene lugar, pero nº 2 está confundido y entra a destiempo cuando ya terminan, teniendo que improvisar una pequeña escala para no llamar la atención sobre su error, escala que encaja asombrosamente bien en la obra. Mira nervioso hacia el lugar del director, pero se da cuenta en ese momento de que la orquesta no tiene director alguno, sino que está dispuesta en círculo rodeando un pequeño espacio vacío sobre el que cae la única iluminación directa. Al mirar hacia arriba, el foco lo deslumbra y el oboe nº 2 vuelve a perderse una nueva parte de los oboes en la pieza, lo que intenta enmendar haciendo un nuevo juego de notas a destiempo que otra vez da un magnífico ambiente a la obra, cuando ya las trompetas claman la desgracia de los amantes. El oboe nº 2, descompuesto, comienza la parte que él piensa que le correspondía ahora, pero se da cuenta al momento de que se ha adelantado al menos ocho compases e intenta enlazar improvisando de un modo bizarro y alegre que da una nueva dimensión a esa parte de la obra. Retoma el hilo correspondiente a cuando debían entrar los oboes pero los oboes no entran, y él aumenta el volumen intentando emular cuatro instrumentos mientras poco a poco los diferentes elementos de la orquesta van cesando su canto. Elabora ritmos imposibles, ya rodeado de silencio, y se esfuerza en modular notas inventadas en una danza convulsa que le hace levantarse de su silla y empujar y atropellar a algunos compañeros, mientras se forma cercando su figura un ambiente oscuro y decadente de inhumana desesperación, y el oboe vomita sus últimas notas en el mismo centro del vacío inundado de luz. Al fin, exhausto y tembloroso, deja de tocar y clava la vista al suelo mientras recupera su respiración, para notar una mano en el hombro y una voz que le dice:
- Ha sido magnífico. Está usted contratado. Los ensayos suelen ser a la misma hora de hoy. - Y dirigiéndose a todos, la voz exclama;- Bueno, nos merecemos un aplauso -y todos aplauden-, hasta mañana!!
El oboe nº 2, acongojado, busca de manera esquiva las posibles reacciones de los demás integrantes, sin atreverse a mirar hacia su derecha, donde seguramente encontraría a un enojadísimo oboe nº 1. Una nueva parte de relleno de los oboes tiene lugar, pero nº 2 está confundido y entra a destiempo cuando ya terminan, teniendo que improvisar una pequeña escala para no llamar la atención sobre su error, escala que encaja asombrosamente bien en la obra. Mira nervioso hacia el lugar del director, pero se da cuenta en ese momento de que la orquesta no tiene director alguno, sino que está dispuesta en círculo rodeando un pequeño espacio vacío sobre el que cae la única iluminación directa. Al mirar hacia arriba, el foco lo deslumbra y el oboe nº 2 vuelve a perderse una nueva parte de los oboes en la pieza, lo que intenta enmendar haciendo un nuevo juego de notas a destiempo que otra vez da un magnífico ambiente a la obra, cuando ya las trompetas claman la desgracia de los amantes. El oboe nº 2, descompuesto, comienza la parte que él piensa que le correspondía ahora, pero se da cuenta al momento de que se ha adelantado al menos ocho compases e intenta enlazar improvisando de un modo bizarro y alegre que da una nueva dimensión a esa parte de la obra. Retoma el hilo correspondiente a cuando debían entrar los oboes pero los oboes no entran, y él aumenta el volumen intentando emular cuatro instrumentos mientras poco a poco los diferentes elementos de la orquesta van cesando su canto. Elabora ritmos imposibles, ya rodeado de silencio, y se esfuerza en modular notas inventadas en una danza convulsa que le hace levantarse de su silla y empujar y atropellar a algunos compañeros, mientras se forma cercando su figura un ambiente oscuro y decadente de inhumana desesperación, y el oboe vomita sus últimas notas en el mismo centro del vacío inundado de luz. Al fin, exhausto y tembloroso, deja de tocar y clava la vista al suelo mientras recupera su respiración, para notar una mano en el hombro y una voz que le dice:
- Ha sido magnífico. Está usted contratado. Los ensayos suelen ser a la misma hora de hoy. - Y dirigiéndose a todos, la voz exclama;- Bueno, nos merecemos un aplauso -y todos aplauden-, hasta mañana!!